Con completa sinceridad, pues este blog me pertenece, he de admitir que no lo sé. No es precisamente correcto empezar diciendo que no sabes algo, pero era eso o no empezar.
Sin saber muy bien cómo podía escribir una reflexión careciendo de una opinión, decidí que podía navegar un rato por la Red y ver con qué me encontraba. Así pues, comencé buscando qué era la información. No por el hecho de ser incapaz de decir qué es, sino porque en ocasiones hay que iniciar desde cero e ir subiendo peldaños hasta llegar al punto clave.
Comenzando por lo más básico se entiende por información la comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada.
Entonces, ¿qué es para mí el valor de lo ya mencionado anteriormente?
El valor de la información me resulta incalculable. La información es aquello que poseemos y que nos da conocimientos, es lo que nos da una base mínima para ser capaces de entablar una conversación con otra persona, es lo que acude a nuestras mentes cuando observamos un objeto, esa sucesión de datos que desfila ante nuestros ojos. La información es una fecha, un color favorito, el título de un libro y su autor, la letra de una canción...
La información lo es todo. La información está en todos lados. En una placa en un museo, en las páginas de los libros o en sus contraportadas, en el reverso de una carátula de un disco de música, en la manera en que decidimos expresarnos. Incluso ahí, hay información.
Vuelvo a repetirlo: ¿qué es el valor de la información para mí? Empecé no sabiendo responder a esa pregunta y he llegado a una conclusión y es que el valor de la información para mí es algo que no podemos calcular, es aquello que puedes encontrar donde sea y con lo que aumentar nuestros conocimientos.
Es, también, algo que debemos cuidar y mantener.
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