Érase que se era, en un reino lejano llamado Granada, en una hermosa facultad, que no rememoraba una triste, lúgubre y gris cárcel como las demás, una clase de Introducción a la Información y Documentación donde a los primerizos proyectos de universitarios se les pidió crear un blog. Con esta idea, las repercusiones rápidamente salieron a la luz: habíase de redactar entradas en las que los denominados alumnos debían plasmar sus conclusiones de ese día tras la lección.
Y en tal tesitura me encontré, sin saber muy bien qué hacer.
Como futuros documentalistas, archivistas, bibliotecarios, en fin, como futuros graduados en Información y Documentación, entre las habilidades que hemos de desarrollar se debe encontrar la capacidad de diferenciar la información errónea, basada en argumentos con débiles (o inexistentes) cimientos de la información que necesitaremos, aquella bien redactada, argumentada y expuesta. No debemos fiarnos de cualquier página web, cuando usemos como método de investigación Internet, ni limitarnos a copiar y pegar, nuestro atajo preferido en años anteriores. Es por ello que contamos, entre varias, con un arma afilada cual espada que podemos usar para defendernos de la información innecesaria, un arma que nos protege en los mares de Google (o Mozilla): Los 12 Criterios.
Con ellos de nuestra parte, la batalla contra la desinformación había empezado.
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